Placas para nada

Las placas conmemorativas que se instalan en lugares públicos se utilizan para asociar el lugar con una persona, evento o hecho histórico. Hay precedentes ya en las inscripciones del Antiguo Egipto, en las estelas mesopotámicas y en la época grecorromana, donde era habitual que en los monumentos se hiciera constar la fecha de construcción y el autor de los mismos. En Europa, estas placas están indirectamente relacionadas con tradiciones centenarias, como la de esculpir escudos de armas en ciertos edificios.

Las placas modernas tienen su origen en el siglo XIX, cuando en Europa se quiso dejar constancia para las generaciones futuras de la vinculación de determinados lugares con personajes, eventos, o hechos destacables. Se caracterizan por ser un elemento añadido a posteriori al elemento arquitectónico, lo que la distingue de otros elementos epigráficos que suelen tener una función principal, no accesoria.

Aparte de instalaciones ocasionales en diversos lugares a comienzos del siglo XIX, la primera ciudad en formalizar la colocación de placas de una forma sistematizada fue Londres, donde la Royal Society of Arts estableció el primer plan en el mundo para la colocación de placas conmemorativas históricas, el actual sistema de placas azules.​ La primera se colocó en 1867 para conmemorar a Lord Byron en su lugar de nacimiento, en el 24 de Holles Street. La más antigua que se conserva conmemora a Napoleón III Bonaparte en King Street, también colocada en 1867. Desde entonces, el hábito de colocar placas conmemorativas promovidas por organizaciones públicas o privadas se extendió por todo el mundo, encargándose las entidades municipales de su gestión.

C/ Mendizábal, Las Palmas de Gran Canaria

Últimamente he advertido en la isla en la que vivo un gran número de estas placas conmemorativas que no conmemoran, básicamente porque NO SE PUEDEN LEER. Bien sea por errores de diseño, bien por la mala elección de materiales, o por una preocupante falta de mantenimiento, un gran número de placas muestran la más absoluta nada, o un denso jeroglífico indescifrable por cualquier ser humano a simple vista, que viene a ser lo mismo. He visto placas colocadas en lugares inverosímiles que hacen imposible su lectura, escondidas tras todo tipo de mobiliario urbano, con cables eléctricos pasando por encima, escritas con textos pequeñísimos sobre fondos irregulares o párrafos interminables sin espacios en los que descansar la vista… No me sorprenderé el día que vea una placa colocada al revés; de hecho, lo espero con resignación.

Así, ¿es lícito pensar que lo que realmente conmemoran esas placas inútiles es su propia instalación, fotografiada y publicitada a los cuatro vientos? En un mundo donde la comunicación forma parte de la estrategia política ¿es el rédito propagandístico obtenido por la corporación de turno al inaugurar una placa lo que verdaderamente importa cuando se decide colocarla? Es obvio que no siempre; pero la proliferación de estos casos vergonzantes evidencian una hipocresía colectiva mal disimulada, cuando no una falta de respeto hacia el hecho histórico o a la persona a quien se pretende homenajear. En concreto, cuando el hecho de que una placa es ilegible se pone de manifiesto en el mismo acto de inauguración; todos lo advierten, pero nadie dice nada y la escenografía se completa con aplausos. Estaría muy bien que, por una vez, en un acto de inauguración de alguna de estas placas, alguien levantara la mano, interrumpiera el discurso y preguntara: ¿Pero qué narices pone?

Instalar una placa en la casa donde vivió y murió D. Juan Melián Alvarado, nombrado hijo predilecto y bienhechor de la villa grancanaria de Agüimes, es un bonito gesto de reconocimiento. Hacer pasar el tendido eléctrico por delante de ella hasta casi taparla es un acto de desprecio y una enorme falta de respeto.
Quien decidió colocar esta placa, pensó que debía estar a la altura de un personaje tan importante como Néstor Martín Fernández de la Torre. Y, efectivamente., está a una altura en la que nadie puede leerla. C/ Bravo Murillo, Las Palmas de Gran Canaria.

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