La droguería Lleó

1905. Fotografía del archivo del Museo Canario.

Así de espléndidos lucían los rótulos de la emblemática casa Lleó en la calle Triana de Las Palmas de Gran Canaria a principios del siglo XX. Además del que estaba adosado al balcón del primer piso, de aspecto y factura impecables, diversos carteles encajados en los vanos se veían mejorados por los bellos adornos de la fachada. En uno de los escaparates que daban a la calle Triana había una gran tela pintada con las palabras Farmacia y Laboratorio rodeadas de motivos florales, que servía de fondo para los diversos textos que se pintaban en el cristal. Diversos paneles de quita y pon se colgaban de los paños entre los vanos.

Archivo fotográfico de la FEDAC

El edificio fue construido a principios del siglo XX por Vicente Lleó Benlliure, valenciano afincado en la ciudad y que en 1895 había impulsado la construcción de las Salinas de Janubio, en la isla de Lanzarote. Construido según los planos del arquitecto Fernando Navarro, con un marcado estilo racionalista, fue uno de los primeros de la ciudad en usar vigas de hierro, procedentes de Inglaterra. Las tres plantas superiores fueron destinadas a viviendas y en los bajos Don Vicente instaló una droguería-perfumería que se se surtía de proveedores de Inglaterra, Francia y Alemania. Su mobiliario y decoración modernista hicieron del establecimiento uno de los más elegantes de la ciudad. Además, disponía de una farmacia que despachaba recetas de médicos españoles e ingleses con un laboratorio dirigido por el doctor Canivell, dotado de microfotografía para toda clase de análisis, la más alta tecnología disponible en el momento. Eduardo Reguera visitó su impresionante interior y nos lo muestra en su blog Retrografías.

El remate decorativo de la parte superior de su fachada, de inspiración heráldica, albergó la leyenda V. LLEÓ, inicial y apellido del propietario, labrada en piedra. Ese elemento ornamental desapareció en la reforma integral que, tras años de abandono, se llevó a cabo en 2011.

La concentración de negocios en Triana hizo que sus propietarios no dudaran en aprovechar todos los recursos publicitarios a su alcance para destacar ante la competencia. Entre ellos, los laterales de los edificios, visibles a gran distancia. También la Droguería Lleó recurrió a ese tipo de reclamo, aunque no en el lateral de su propio edificio, sino el de otro cercano. A su nombre añadió la palabra DRUGGIST en vertical.

En definitiva, por su abundante producción gráfica, la Droguería Lleó debió ser uno de los clientes más deseados por los pintores y empresas rotulistas de la época.

En la actualidad es un elegante edificio residencial que alberga doce viviendas de lujo. Por los locales de la planta baja han pasado diversas firmas, desde El Palacio del Juguete hasta el actual Stradivarius.


A muchos de ustedes no les habrá pasado desapercibido un curioso detalle de la segunda fotografía de esta publicación. Un jovencito descalzo, convertido en niño-anuncio, cruza ante la cámara en el preciso momento en el que el fotógrafo hace su disparo. Lleva un enorme cartel publicitario en el que el cine Pabellón Recreativo, situado en la calle General Vives, anuncia “Grandes estrenos – La hija del contrabandista – grandioso drama” y una última frase que no he sido capaz de descifrar, aunque parece decir “en la espera bebe nuestro vino”.

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