La chapuza de La Florida

En las primeras décadas del siglo XX Las Palmas de Gran Canaria era una ciudad dinámica y cosmopolita. La importancia que adquirió el Puerto de la Luz atrajo a numerosos comerciantes deslumbrados por las oportunidades de negocio en un enclave estratégico para el comercio intercontinental y con un clima privilegiado para un prometedor desarrollo turístico.

Fotografía del archivo de la FEDAC.
Publicidad de La Florida, también conocido como Salón Novedades.

La Tabaquería-Bazar La Florida, en la calle Remedios esquina con Muro fue uno de estos prósperos comercios. Su fachada lucía una estupenda rotulación que anunciaba la variedad y procedencia de sus productos: tabaco, perfumes, bombones y delicadezas de Reino Unido, Francia, Suiza, Cuba, Portugal… Las letras fueron bellamente dispuestas y dibujadas a lo largo de su fachada por un rotulista que conocía bien su oficio. Pocas fotografías y de muy poca calidad han llegado hasta nosotros de ese trabajo, pero en ellas se puede apreciar la proporción y la gran legibilidad que ofrecían los textos. Un reclamo altamente efectivo que cumplió con su función durante décadas, en una de las zonas neurálgicas del comercio de la ciudad.

En una loable decisión, el Cabildo de Gran Canaria promovió hace unos años la recuperación de esa rotulación, que se convertiría en un llamativo símbolo de una época de esplendor comercial de esa zona de la ciudad. La excelente idea, desgraciadamente, acabó engrosando el amplio catálogo de despropósitos a cargo de las administraciones responsables de la gestión patrimonial.

Englobado en una restauración integral del edificio, el trabajo se encargó a la empresa Pinturas Málaga Macarena, en cuyo catálogo de servicios destaca la “pintura de fachadas, pintura de patios de luces, pintura exterior, pintura industrial, restauración de edificios, rehabilitación de fachadas, aislamiento de edificios,  proyectos de decoración y pintura de edificios, revestimientos en general, pavimentos, aislamientos, impermeabilizaciones, trabajos verticales, etc.”.

Resultado de la “restauración” realizada por la empresa Pinturas Málaga Macarena.

El resultado de la recración está a la vista; las imágenes hablan por sí solas. El tipo de letra usado no tiene absolutamente nada que ver con el original, que tenía una marcada influencia modernista y art déco. En su lugar se utilizó una tipografía contemporánea generada por ordenador y después se aplicó el pigmento con una plantilla. Todo ello dio como resultado un texto impersonal, en exceso regular y rígido en comparación con la humanidad y personalidad de la artesana rotulación original. El aspecto final es el de una vulgar rotulación contemporánea hecha mecánicamente. En absoluto evoca una época pasada. El trabajo podría definirse como un desaguisado, una auténtica chapuza comparable a la famosa restauración del tristemente famoso Ecce Homo de Borja.

Obviamente, un trabajo de recuperación (recreación, en este caso, pues la pintura estaba totalmente desaparecida) de estas características requiere un mínimo rigor. Nada del otro mundo; basta con un rotulista hábil con el pincel que, tras documentarse suficientemente, ejecute la tarea con los métodos y materiales adecuados en unos pocos días. O sea, un profesional, como el autor del trabajo original. En un trabajo así, el principal reto consiste en recrear lo más fielmente la tipografía original, basándose en las mejores fotografías disponibles y comparando tipografías parecidas usadas en la época. Tan solo hay que dedicarle el tiempo y el cariño necesarios. El mismo que para trasladar después las letras a la pared con un pincel.

Basándome en las pocas fotografías disponibles, me tomé la molestia de intentar recrear digitalmente la tipografía de aquellos rótulos, para que puedan compararse con el trabajo llevado a cabo por los supuestos profesionales.

En la parte superior, recreaciones digitales de la tipografía original.
Abajo, fotografías de la “recuperación”.

Analizando el resultado del trabajo, da la impresión de que para la empresa malagueña primó la exacta colocación del texto en el lugar preciso, antes que su aspecto o su integridad. Así, no se entiende por qué no se reubicó la señalización en piedra de la calle Remedios o se rotuló el texto más abajo, para que no quedase mutilado. De manera incoherente se prescindió de las palabras “Egyptian Cigarettes” (mi opinión personal es que no llegaron a descifrar esas palabras en las antiguas fotografías) y se colocó el artículo “la” de “la Habana” en la línea equivocada.

Los bordes irregulares de las letras ponen de manifiesto el uso de una plantilla para pintarlas en la pared, perdiendo así el carácter artesanal de las originales, pintadas a mano. Ni siquiera se tuvo el cuidado de corregir a posteriori esos defectos con un pincel.

Si hay algo peor que hacer una chapuza, es desconocer que se ha hecho. Y peor aún, en un insolente ejercicio de autocomplacencia, es manifestar que lo hecho es una maravilla. En agosto de 2012, el diario La Provincia publicó un artículo firmado por Javier Durán; confieso que es lo que me incitó a escribir estas líneas. En él se ensalza el trabajo de restauración, enfatizando las “dificultades de la empresa adjudicataria para abordar la tarea de recuperación”. Cita textual: “¿Por qué el color añil como anzuelo publicitario? ¿Por qué las palabras sin acento? ¿Por qué “tabaco” queda medio escondido bajo el rótulo de la calle Remedios? A todo ello se enfrentó la empresa Pinturas Málaga Maracena, especialista en estas lides, y que se sumergió en el Archivo Histórico Provincial para descubrir los detalles de la caligrafía, la familia de las letras, para luego aplicarse artesanalmente en la reproducción. Su responsable, Francisco Guerrero Hervas, subraya que ha sido un trabajo precioso y delicado, no sólo con las letras, sino también con el color. (…) Uno de los trabajos ha sido darle una fijación al color para que no lo dañe ni la lluvia ni la contaminación.

Juzguen ustedes mismos.


Actualización:
Me comenta un conocido que en 2016 el rodaje de la película Allied provocó el repintado de esa misma fachada como parte del atrezzo. Esa puede ser la explicación a los parches con diferentes tonalidades de azul que pueden verse en la actualidad. Al parecer, todas las precauciones en darle “fijación al color” para hacerlo duradero no sirvieron de mucho ante una lluvia muy determinada: la de los dólares procedente de Hollywood.

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