Relojería y Platería Verol: rescate y restauración

A mediados de 2018 tomé esta fotografía del que me pareció el rótulo más antiguo que había en ese momento en la calle Mendizábal, en las inmediaciones del mercado de Vegueta en Las Palmas de GC. El cristal, pintado a mano con esmaltes en su reverso, presentaba un notable deterioro, la pintura se estaba desprendiendo de algunas áreas y el cristal tenía una fractura que lo atravesaba en sentido vertical. Aún así, los responsables del establecimiento, en ese momento un ‘cocktail bar’, supieron ponerlo en valor y tomaron la acertada decisión de descubrirlo (había sido tapado con otro rótulo de plástico), devolviéndole así su función. Quizás fue el propio rótulo el que propició el nombre de “La Joyería”, con el que fue bautizado el local. Poco después, el bar estaba cerrado y el rótulo había desaparecido. Me dio pena asistir a un episodio más de la incesante pérdida del valioso patrimonio gráfico que representan muchos rótulos en esta ciudad.

Pero el destino quiso que a través de mi amigo y colega Luis (@std_mulo en Instagram), ese rótulo viniera a mi encuentro. Luis me habló de un rótulo de cristal -o más bien lo que quedaba de él- que se desmoronaba lentamente al sol en la azotea de un edificio de esa misma calle. Afortunadamente, alguien se tomó la molestia de subirlo hasta ahí en lugar de llevarlo hasta el contenedor, lo que propició que acabara en mi estudio. Eso sí, en un estado lamentable.

Estado en el que el rótulo llegó a mi estudio.
Una tira de metacrilato y algo de silicona mantuvieron unidos los dos fragmentos del cristal de manera poco ortodoxa, pero efectiva.

Dado su estado, desde el primer momento tuve poca fe en su posible restauración. Los dos fragmentos del cristal apenas seguían juntos después de transportarlo 30 km. hasta mi taller. Además, la necesaria tarea de limpieza probablemente acabaría desprendiendo la poca pintura todavía adherida al cristal.

La primera tarea sería tratar de conservar el diseño, es decir, el trazado de las letras y su situación en el rótulo, ante el riesgo de que se perdiera por completo. Para calcarlo usé un sencillo y viejo truco: empapar con disolvente un común papel kraft para convertirlo provisionalmente en transparente. Mientras está mojado se puede trazar sobre él con un lápiz graso; el disolvente seca rápidamente y el dibujo queda marcado de forma precisa.

Método de calco del diseño original.

Parte de la pintura remanente se desprendió durante el proceso de limpieza. Quedó algo de la pintura negra que constituia el fondo y se perdió gran parte de la blanca y roja de las letras. Tan sólo la amarilla de la palabra VEROL mostraba una firme adherencia y se conservó en su mayoría. Lograr salvar ese aproximadamente 10% de la pintura total representó un éxito y le daba sentido la restauración. Ya no sería una réplica -tarea que hubiese resultado mucho más fácil, partiendo de un cristal nuevo-, sino el mismo rótulo, reparado, conservando su esencia en esos restos de vieja pintura. Incluso esa enorme cicatriz en su cristal le daría un interesante carácter de superviviente.

Una vez reparada la fractura del cristal con un adhesivo especial, el resto del proceso fue el habitual a la hora de pintar cualquier rótulo. Al pintar en reverso, se empieza por los elementos que luego quedarán en primer plano, se sigue con las sombras y los perfiles de las letras y se termina cubriendo toda la superficie con el color de fondo.

El último paso fue el encargo de un marco de madera, hecho a medida para evitar los movimientos del cristal y mantener firmemente unido el conjunto. Me siento modestamente satisfecho por haber logrado prolongar la vida de este rótulo unos cuantos años más. El rótulo en sí no es una maravilla; especialmente su diseño es un aspecto claramente mejorable. Aunque realizado por un rotulista profesional, y siendo adecuada la elección de tipografías y colores, la composición carece de equilibrio. De haber situado la palabra VEROL algo más arriba o de haberle dado un mayor tamaño, el conjunto hubiese ganado en equilibrio. De todas maneras, para mí su mayor atractivo consistía básicamente en haber sobrevivido, y en el reto que suponía tratar de restaurarlo. Ahora adorna, como un trofeo, las paredes de mi estudio.

Resultado final del proceso de restauración.

Dice mi amigo Luis, utilizando una expresión inequívocamente canaria: “ese rótulo estaba pa’ tí“.

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